viernes, 14 de diciembre de 2012

El lider va tras su visión

Franklin Winfield Woolworth (1852-1919), comerciante estadounidense, que promovió las prácticas, ahora comunes, de comprar la mercancía directamente a los fabricantes y fijar los precios de los artículos.

En 1873, comenzó a trabajar en una tienda de tejidos en Watertown, Nueva York. Durante los primeros tres meses, trabajó gratis ya que el dueño le dijo: “Por qué debo pagarle si le enseñaré sobre el negocio”. Laboró allí por seis años y vio que los artículos de sobra se colocaban en una mesa a un precio de cinco centavos cada uno, sugiriendo, en una ocasión, a su jefe la idea de tener un rincón especial de "diez centavos" para reducir el inventario. Su jefe aceptó la sugerencia y la venta fue todo un éxito.
Esto lo entusiasmó para abrir su propio negocio, pero necesitaba un capital inicial para poder sacarlo adelante. Trató de obtener el capital inicial de su jefe, pero éste se negó aludiendo que no veía que fuera posible llenar una tienda con artículos de menos de diez centavos.
Woolworth, con la fuerza e ímpetu característicos de la juventud, hizo caso omiso a las palabras de su jefe y continuó adelante, arrancando con US$ 300 prestados. Esta decisión no solo tuvo un sonado éxito sino que lo convirtió a la larga en dueño de una amplia cadena de franquicias F.W.Woolworth, tanto en Estados Unidos como en Europa.
Se comenta que con posterioridad, su antiguo jefe se lamentaba al confesar públicamente su errada decisión en los siguientes términos: "por lo que a mí respecta, cada palabra que utilicé para argumentar mi negativa a apoyar a Woolworth me ha costado alrededor de un millón de dólares".

jueves, 13 de diciembre de 2012

El líder es responsable de blindar a la organización

Abraham Wald (1902- 1950), matemático austríaco, nacionalizado estadounidense. Exiliado en EEUU en 1938, se especializó en estadística y aportó a esta ciencia un elevado rigor matemático. Es el fundador del análisis secuencial.

Se comenta que durante la Segunda Guerra Mundial el ejército británico le consultó acerca de cómo mejorar el blindaje de los bombarderos.

Para llevar a cabo su análisis, antes de hacer la recomendación, Wald tuvo acceso a los aparatos que habían entrado en combate y habían vuelto dañados. Cuando presentó su informe, incluyó la siguiente recomendación:

- Hay que mejorar el blindaje de los aviones justo en los lugares en los que estos no han sido alcanzados.

 Por ser la respuesta a un problema que había quitado el sueño a la dirigencia militar tan sencilla, le pidieron claramente sorprendidos que diera una explicación.

Él  aceptó la solicitud y expresó:

- Yo asumo que la probabilidad de que una proyectil impacte en el avión es igual en todas las partes del mismo, porque se entiende que todas las partes pueden ser alcanzadas. Consecuentemente,  si los  aviones que observé habían entrado en combate, habían sido alcanzados y habían vuelto a Inglaterra, los puntos en los que habían impactado las balas no implicaban que el avión fuese abatido al ser alcanzado, por no ser críticos.

Mientras los oyentes parecían concordar con su punto de vista, añadió:

- En cambio, si no había ningún avión que hubiera vuelto con daños en un determinado punto del fuselaje, eso implicaba que cuando un avión fue alcanzado en dicho punto, no era capaz de volver a Inglaterra.  Por lo tanto, aquel era un punto débil, un punto a blindar.

Los administradores deberíamos recordar esta historia para interesarnos en entender por qué las empresas de nuestro entorno están sufriendo pérdidas, y tomar la iniciativa de vacunar a nuestras organizaciones, cuando estemos aún a tiempo.

El líder es prudente

Luego de la batalla de Gettysburg, en la noche del 4 de julio de 1863,  el general Lee comenzó su retirada hacia el Sur, en medio de una gran tormenta. Al llegar al Potomac con su derrotado ejército,  encontró un río imposible de cruzar y al ejército de la Unión tras él. Estaba atrapado. Lincoln advirtió la oportunidad de derrotarlo definitivamente y poner fin a la guerra. 

Entonces,  lleno de esperanza, ordenó al general Meade que atacara inmediatamente. ¿Qué hizo el general Meade? Exactamente lo contrario de lo que se le ordenó. Convocó un consejo de guerra, en directa violación de las órdenes, dudó, esperó, telegrafió sus excusas, negándose rotundamente a atacar. Las aguas bajaron y Lee con sus fuerzas escaparon.


"¿Qué es esto? -gritó furioso, cuando se enteró- ¡Gran Dios! ¿Qué es esto? Los teníamos al alcance de las manos, sólo teníamos qué estirarlas para que cayeran en nuestro poder; y sin embargo, nada de lo que dije o hice logró que el ejército avanzara. En esas circunstancias, cualquier general podría haber vencido a Lee. Si yo hubiera ido, yo mismo lo habría derrotado."

Lincoln muy dolido y molesto se sentó a escribir una carta a Meade, en los siguientes términos.

"Mi querido general:
No creo que comprenda usted la magnitud de la desgracia que representa la retirada de Lee. Estaba a nuestro alcance, y su captura hubiera significado, en unión con nuestros otros triunfos recientes, el fin de la guerra. Ahora la guerra se prolongará indefinidamente. Si usted no consiguió atacar con fortuna a Lee el lunes último, ¿cómo logrará hacerlo ahora al sur del río, cuando sólo puede llevar consigo unos pocos hombres, no más de los dos tercios de la fuerza de que disponía entonces? Sería irrazonable esperar, y yo no lo espero, que ahora pueda usted lograr mucho. Su mejor oportunidad ha desaparecido, y estoy indeciblemente angustiado a causa de ello."

¿Qué habrá hecho Meade al leer esta carta?
Responderla. Responderla y renunciar.... Ni una de ambas, porque Meade no vio jamás esta carta. Lincoln no la despachó y se la conoce, cuando luego de su muerte fue hallada entre sus papeles.

Se especula que después de escribirla Lincoln recapacitó y consideró que no debía actuar precipitadamente, porque había aprendido por amargas experiencias que las críticas y reproches son casi siempre inútiles.

Se le atribuye, entre otras, la siguiente frase célebre:

"Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre dadle poder."

Theodore Roosevelt decía que cuando, como presidente, se veía ante algún grave problema, solía reclinarse en su sillón y mirar un gran cuadro de Lincoln que había sobre su escritorio en la Casa Blanca, y preguntarse entonces: "¿Qué haría Lincoln si se viera en mi lugar? ¿Cómo resolvería este problema?"

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El que se esfuerza es el que se merece la recompensa

Zig Ziglar (1926-2012). Escritor norteamericano que nace en Alabama. Tras una juventud marcada por pautas económicas y pérdidas familiares, inició tempranamente, por necesidad, su carrera profesional como vendedor. Luego encuentra su vocación en la motivación de jóvenes y ejecutivos, consagrando su carrera a esa tarea. Su pensamiento altamente positivo está recogido en decenas de libros y artículos sobre desarrollo personal, éxito y felicidad.

En su libro "Puedes alcanzar la cima", comenta la anécdota que transcribo textualmente, a continuación.

 "Cuando era joven y era empleado en una tienda de comestibles, conocí a un muchacho que trabajaba en otra tienda frente a la mía.

Esos eran los años de la gran depresión y la mayoría de los negocios sufrían de grandes necesidades financieras, y tenían un stock muy limitado.

Como consecuencia de esto, con frecuencia había gran escasez de productos, y los comerciantes acordaban tomarse prestados los artículos unos de otros.

Carlos era `el mensajero´ de la tienda que había del otro lado de la calle. Recuerdo incontables ocasiones en las que llegaba corriendo hasta donde estábamos nosotros, y mientras golpeaba la puerta entraba gritándole a quien era el propietario de nuestro comercio:

`¡Señor Anderson, necesito que me preste seis latas de tomate!´ Y con toda amabilidad recibía esta respuesta: `Con mucho gusto Carlos. Ve a buscarlas, ya sabes dónde están´.

El muchacho corría hacia el sitio, buscaba los artículos que necesitaba, rápidamente los apoyaba en el mostrador, garabateaba su firma en un papel que registraba todo lo que se llevaba y salía corriendo.

Un día, le pregunté a mi patrón por qué Carlos siempre va corriendo a todas partes. Él me respondió que era porque se esforzaba en conseguir un aumento de sueldo, y que seguramente iba a lograrlo.

Entonces le pregunté cómo sabía que el muchacho iba a conseguir un aumento, y el señor Anderson me respondió: `Mira, si no se lo da el hombre para quien Carlos trabaja, se lo daré yo´."

martes, 11 de diciembre de 2012

Liderar desde atrás


Nelson Rolihlahla Mandela ( Unión de Sudáfrica,  1918), conocido también como Madiba, apelativo honorífico otorgado por los ancianos del clan de Mandela, abogado y político.

En 1962 fue arrestado y condenado por sabotaje, además de otros cargos, a cadena perpetua. Estuvo 27 años en la cárcel, la mayoría de los cuales estuvo confinado en la prisión de Robben Island. Tras su liberación el 11 de febrero de 1990, Mandela lideró a su partido en las negociaciones para conseguir una democracia multirracial en Sudáfrica, cosa que se consiguió en 1994 con las primeras elecciones democráticas por sufragio universal. Mandela ganó las elecciones y fue presidente desde 1994 hasta 1999, dando prioridad a la reconciliación.

Se comenta que en una ocasión Mandela viajó con Richard Stengel, su biógrafo, a Mvezo, su aldea natal, cercana a Umtata en el Transkey. En este recorrido de la zona rural, él volvía a sus orígenes y recordaba lo que aprendió de niño, cuando quedando huérfano de padre, observó de cerca cómo actuaba el rey Jogintaba de Thembuland, de quien su padre había sido consejero y, en agradecimiento, lo crió. Había presenciado cómo se conducían las asambleas de la corte real. Éstas eran como reuniones municipales democráticas, a las que acudían todos los hombres de la villa y podían hablar, si querían hacerlo. Era costumbre que el rey siempre permaneciera de pie, erguido e imponente, escuchando las opiniones de sus consejeros y de la comunidad antes de emitir la suya. En respeto a todos los que habían hablado, el rey, al final de una reunión, resumía todas las opiniones que había escuchado. Para el joven Mandela quedó claro que el rey, como buen jefe, debía ser tenaz, pero nunca debería imponer su voluntad a la de la comunidad.
Luego de una de las caminatas que hicieron juntos por las colinas cercanas a la aldea, le preguntó a Stengel:
-¿Has pastoreado ganado alguna vez?
-No –contestó evidentemente intrigado.
-Fíjate -prosiguió habiendo captado su atención-. Cuando el vaquero quiere que el ganado eche a andar en una determinada dirección, se coloca en la parte posterior y con un palo en la mano hace que los animales más inteligentes vayan al frente para que marchen en la dirección deseada. El resto del ganado sigue a las reses más enérgicas que van delante.  Pero la realidad es que quien las guía desde atrás es el vaquero. Hizo una breve pausa, respiró profundo y con voz firme y clara añadió: “Es así como un líder debe hacer su trabajo”.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Las empresas deben optar por la evolución antes que por la revolución

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), escritor británico que cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes.   Se han referido a él como el “príncipe de las paradojas”. Su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote católico de apariencia ingenua cuya agudeza mental lo vuelve un formidable detective y que aparece en más de cincuenta historias reunidas en cinco volúmenes, publicados entre 1911 y 1935.

Se cuenta que en una ocasión, cuando Chesterton desembarcó en Calais, mantuvo una conversación con un tabernero francés que se quejaba diciéndole: “es lamentable haber hecho tres revoluciones para volver a caer sobre el mismo lugar”. El le contestó que una revolución en el sentido propio del término, es el movimiento de un móvil que recorre una curva cerrada y vuelve así al punto de partida.             

Se le atribuye la siguiente expresión:

“Entrar en el mundo de la acción, es entrar en el mundo de los límites.”